DOS POEMAS DE EVA VAZ
EL HOMBRE DEL BRAZO DE ORO
Voy asistiendo a tu entierro lento y cotidiano. Observando la evidencia de que la ironía es la única respuesta que te permites cuando te miras por dentro. El exceso, cuando te miras por fuera. La benevolencia, cuando lloras tu caricatura. Cuando das manotazos torpes al aire como un espantapájaros desmesurado y absorto.
Y es que asisto a la certeza siniestra de que por fín encontraste dentro de tí, el único calmante para la fatiga de tí mismo y tu dolor de mundo. Para rendirte a un determinismo estético y sedante.
En este mundo estás muy huérfano.
Y es que prefiero obviar tu suicidio lujoso y sórdido; tu suicidio doméstico, hortera y elegante. Quiero obviar el exceso de tu propia exhibición. Y el perdón que te concedes.
Y me pregunto quién quieres ser probada la droga de la autocomplacencia. Comprobada la amabilidad de tu gesto cuando te llenas las venas de paz y la camisa de sangre.
Si te convertiste en un hombre de corcho o de hojalata.
Nunca supiste cuánto te amé sin amarte. Nunca.
Y ahora, ahora, ponle música a estas letras. Y canta, canta... yo bailaré, bailaré, bailaré... hasta el día en que te mueras.
TRES
Mi tercer ángel feroz, quiero decirte todos los pecados del mundo, ciervo de carne blanca: puedes morir a dentelladas en ese mundo-bestiario.
Nuestra comunión, tres cuerpos bebiendo de la misma boca, convierte el mundo en una eucaristía pagana. Pero fuera del nuestro, el mundo es un cáliz de venenos y todos lo bebemos a sorbos. O escupimos en él.
Mi animal delicado, quienes amamos de esta forma, estamos exentos de por vida. Heridos de verdad para siempre y para nunca.
El mundo soñado por los ángeles es el nuestro.
Bienvenidos al auténtico Reino de Dios.




Cisneros dijo
¡Qué desamor tan grande, qué carta de despecho tan crítica y tan incontestable y con tanta autoridad!
Eres una mujer con carácter, sí señor.
Un abrazo
27 Enero 2009 | 10:48 AM