LA FUNDACIÓN DEL MONASTERIO
YUSTE EL EMPERADOR ENSIMISMADO
Había comenzado apenas el turbulento siglo XV cuando dos ermitaños, Pedro Brañes y Domingo Castellanos, dejan el bullicio de la ciudad de Plasencia para buscar la comtemplación y la penitencia en las propicias espesuras de la vecina comarca de La Vera. Narra Fray Luis de Santa María, en su crónica del convento, cómo después de una larga jornada de camino llegaban al oscurecer al escabroso y elevado sitio que ocupaba la ermita del Salvador; era el mes de junio de 1402. Sin embargo, la considerable altura del lugar, los fríos y las nieves del venidero invierno, les hicieron buscar en las proximidades un paraje más abrigado. Llegaron así a un escondido barranco, por medio del cual corría el arroyo llamado Yuste y donde la naturaleza se mostraba más benigna que en los alrededores. La fama de santidad de estos dos ermitaños atrajo al retiro de Yuste a otros hombres piadosos, entre los que cabe citar a Andrés de Plasencia, Juan de Robledillo y Juan de Toledo. Contruyeron celdas y cultivaron la tierra, pero pronto comenzarían las dificultades con los oficiales de diezmos de la diócesis placentina. Recurrieron en vano a su obispo, don Vicente Arias, y, tras tomar el acuerdo de levar una súplica al papa Benedicto XIII, consiguen una bula por la que se les concede la exención de diezmos y la erección de una iglesia con campanillas, campanas y cementerio.
Pareciéndoles aquel punto muy a propósito para establecerse y, sentándose a descansar, llegó hasta ellos un vecino de Cuacos, Sancho Martín, propietario de aquel barranco, que, enterado de los deseos de ambos ermitaños, les hizo donación del terreno que necesitaban en agosto de 1402 ante el escribano Martín Fernández, de Plasencia, y en la ermita de San Gil, término de Cuacos.
Mas el prelado de Plasencia negó temerariamente obediencia al mandato pontificio y hubieron de recurrir entonces al infante don Fernando, hermano del Rey de Castilla, que da parte del hecho al arzobispo de Santiago de Compostela, don Lope de Mendoza. Éste redacta una carta para el señor de Oropesa, Garci-Álvarez de Toledo, instándole a que hiciera la bula papal, cosa que finalmente sucede el 25 de junio de 1409. Pero la fundación en Yuste de un monasterio de la Orden de San Jerónimo exige prestar obediencia al prior de los Jerónimos de Guisando, que organiza la comunidad y nombra prior. En el capítulo general de la Orden Jerómina, celebrado en Guadalupe el 26 de julio de 1415, son definitivamente admitidos en la misma.
Autor: FLORENCIO PALOMO MOLANO



Cisneros dijo
La burocracia, la ambición y la envidia estuvieron a punto de privarnos de tan hermosa belleza.
Un beso
4 Febrero 2009 | 11:40 AM