(Escena al amanecer) CALMA
A él le hipnotizaba la explanada lumbar de la muchacha ornada con los hoyuelos del desasosiego, al despertar, y resbalaba la mirada por la turgente anatomía de sus muslos. Entreabría ella los ojos y, cruzando los brazos bajo la nuca, se desperezaba con lánguida delectación, simultaneando su primera sonrisa.
_Me gustas hasta la locura_, musitaba él, todavía inaudible, sus iniciales palabras del día.
Ella, acomodando la piel fría de la madrugada en el calor envolvente y voraz del hombre, al tiempo que le ofrecía el desayuno carnal de sus labios al nivel del mentón, articulaba una perezosa bienvenida:
_Y a mí me gusta gustarte_. Luego, se rodeaba y, alojando los glúteos en el cuenco receptivo de la pelvis varonil, los impelía perezosa pero urgente hacia el interior de la caverna.


lilian fernandez dijo
Muy lindo Un saludo
29 Marzo 2009 | 08:05 PM